Dar el pecho engancha

Cuando empecé con la lactancia materna, y resultó ser todo tan complicado, que si grietas, que si mastitis, y las tomas eran taaaaan largas y tan frecuentes, y la niña no parecía ganar peso todo lo bien que le gustaría a algunos, me decía a mí misma que me conformaba con aguantar esa “tortura” unos meses. “Los primeros meses son los más importantes, es cuando los bebés son más frágiles y no tienen defensas”. Así que era una especie de inyección de anticuerpos a tope porque me daba miedo que se pusiese malita y estuviese desprotegida, y poco más. Por ese entonces no disfrutaba de las tomas, y además estaba realmente agotada. Este es mi careto de muerto viviente de entonces, creo que ahí la niña no tiene ni un mesecito:

Cansancio y lactancia materna

Poco a poco, visita a la matrona mediante, la lactancia fue mejorando y dejó de doler. No me libraba de problemas frecuentes, como las perlas de leche, pero al menos no era una tortura constante. Así, casi milagrosamente (lloré de frustración y de nervios muchas madrugadas cuando la niña no se agarraba bien, o parecía tener hambre, o rechazaba el pecho…) llegamos a los 3 meses de lactancia, con muchos altibajos y mucha fuerza de voluntad para no tirar la toalla, y una ayuda inestimable por parte de mi pareja (sin él no lo habría conseguido, no me cabe la menor duda). Cuando llegué a los 3 meses me dije: “Bueno, la OMS recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, así que si llego a los 6 meses con lo mal que empezamos estará genial”.

No fue exclusiva hasta los 6 meses porque con todos los enfrentamientos que he tenido con la pediatra en cuanto al peso de mi hija cedí un poco y le empezamos a dar papilla de cereales un poco antes, aunque con mi propia leche extraída, y luego papilla de fruta. No obstante, su alimentación se basaba esencialmente en la leche materna y ahí fuimos avanzando, mucho mejor que los 3 primeros meses (salvo por lo de mi muela) hasta llegar a los 6 meses.

La niña tiene ahora casi 7 meses y medio y ahí seguimos con el pecho, mucho más allá de cualquiera de mis previsiones iniciales y sin perspectiva de destete a corto plazo. Ahora mi pensamiento es “yo creo que si llego más o menos a los 11 meses o al año, estará muy bien”. No sé si cumpliré este pensamiento o si será el primero que se incumpla, o si pasará como con los otros y lo dejaré atrás, pero es cierto que ahora dar el pecho es otra cosa muy distinta. Ahora empiezo a sentir ese momento especial con mi hija, esa sensación tan dulce que leía en los libros y que al principio no veía por ningún sitio. Siempre he leído que la lactancia crea un vínculo muy especial entre madre e hijo. No creo que sea la lactancia, el vínculo entre madre e hijo es especial en sí mismo y lo es por el amor, por la dulzura con la que la madre acuna a su hijo, le canta, le habla y lo besa, y eso es igual si se le da un biberón que si se le da el pecho. Pero sí que siento que ahora para mí la lactancia es algo bello, y veo con pena ese momento en el que la niña ya no tome la leche de mi pecho. Es algo así como dejarla marchar, como ver que crece y se aleja de ti, y me duele (si estoy pensando esto ahora que tiene 7 meses, ¿qué pensaré cuando tenga 15 años?).

Si me siento así a pesar de mis inicios meramente prácticos y de mi trayectoria de lactancia accidentada, no puedo ni imaginar la sensación al destetar de esa madre que da el pecho sin ningún problema a su bebé desde que nace. Definitivamente, creo que dar el pecho engancha. ¿Quién sabe si mi próximo pensamiento será algo así como: “Bueno, la OMS dice que hasta los 2 años combinada con otros alimentos…”?

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