De bebé a niña: los dos añitos de mi pequeñaja

Bueno, ya veis que hace mucho tiempo que no he podido escribir en el blog. Antes de nada decir que lo lamento mucho, porque sé que un blog debe ser actualizado con frecuencia y yo me estoy saltando esa premisa a la torera. A nadie le apena más que a mí: escribir aquí me despeja mucho y me ayuda a reflexionar y a conocer a otras madres, con puntos de vista distintos (lo cual te ayuda a abrir la mente) o coincidentes (lo cual te ayuda a sentirte comprendida).

El caso es que el 7 de noviembre mi hija cumplió dos años. Ya veis, empecé escribiendo este blog cuando no era más que una semillita dentro de mí, y ahora es cada vez más una personita independiente y única, con sus cosas, su temperamento y su carácter. Lo cierto es que su evolución está siendo espectacular en los últimos meses, especialmente en las últimas semanas, y ya no siento que sea un bebé sino que es una niña con todas las de la ley.

Julia ya tiene dos años, ¡increíble!

Os voy a ir comentando algunos aspectos de su desarrollo clasificados en distintas áreas ahora que ya está a punto de cumplir 25 meses.

Motricidad y desarrollo físico

Creo que en esto es como yo, no es que vaya mal pero no destaca demasiado. La verdad es que yo siempre he sido un poco torpe, aunque me molesta muchísimo que le digan a mi hija que lo es. El caso es que corre, chuta una pelota, sube y baja escaleras con bastante maña o escala los muebles, pero si comparo con otros niños no es que sobresalga. A veces vamos al parque y vemos niños de su edad, e incluso más pequeños, que se ven mucho más ágiles que ella. Por ejemplo, Julia nunca ha rodado bien en una moto de esas que se impulsan con los pies, cuando hay niños con 18 meses que corren con ella que se las pelan. Tampoco sabe ir con esas bicicletas que van sin pedales; recuerdo, por ejemplo, que a mi sobrino era increíble verle volar en ambas cosas desde bien pequeño, era incluso temerario. Mi hija apenas da tres pasos y ya está pidiendo que la bajes. Lo que sí sabe manejar, aunque tímidamente, es el patinete, puede hacer un tramo de 100 metros en línea recta. En estos últimos días empieza a girar un poco para variar la trayectoria, sin mucho atino, pero mejorando. A lo mejor va a ser como yo; el único deporte que se me da bien en la vida es el patinaje.

En cuanto a su desarrollo, mide 90 centímetros y pesa 11 kilogramos (llegó a pesar 10,2 por lo que os cuento en el punto siguiente). Es un espagueti.

Alimentación

Bueno, aquí lo cierto es que hay mucho que comentar y da para un montón de entradas que espero poder escribir. Mi suegra siempre decía que la niña saliese como saliese, pero que comiera. No entiendes lo muy de acuerdo que puedes estar con esta afirmación hasta que tu hija se niega a comer en redondo. Momentos más desesperantes que esos como madre no he tenido, la verdad, y eso que no ha sido una constante, sino solo una pequeña racha. Cuando empezó con las papillas iba genial, comía grandes cantidades tanto de frutas como salada; eso sí, siguió engordando lo mismo que cuando solo tomaba el pecho, sus 20 gramos diarios y para de contar. Pero ya os digo que comía bastante, era un contento verla comer sus papillas y agarrarse a la teta. También le dábamos mucha comida en trocitos, incluyendo los guisantes (que los devoraba con devoción) o la zanahoria.

Sin embargo, hará cosa de seis meses empezó a bajar el ritmo, y lo detuvo por completo en los últimos dos meses, cuando empezó la guardería y encadenó unos pocos de virus. A parte de resfriados y mocos en abundancia, que ya de por sí te quitan bastante el apetito, el primer virus que cogió que lo desbarató todo fue una gastroenteritis. La pobre, que no había vomitado nunca, se vio de pronto venga vomitar cuanto comía, hasta un sorbo de agua, y yo venga preocuparme por si se deshidrataba o si le pegaba una bajada de azúcar. Nada le sentaba bien y si aguantaba en su estómago un trozo de pan ya era una fiesta. Tardó al menos 10 días en empezar a recuperarse y perdió bastante peso (algo que de por sí nunca le sobra, se quedó literalmente en los huesos) y cuando se empezaba a recuperar mejor, cogió el boca-mano-pie y, aunque no fue muy severo (no le salieron heridas en manos y piernas) se le llenó la boca y la garganta de llagas y no podía tragar, por lo que volvimos a las andadas.

Entre estos dos virus y los constipados parece que se le cerró el estómago en banda, así que después de estar recuperada no quería comer prácticamente nada, salvo la teta (con la que aún seguimos). ¡Qué desesperación! Es realmente horrible… Pasa un día, y otro, y otro… y ves que a su estómago apenas entran alimentos y te preguntas cuánto tiempo se puede seguir así, especialmente si no tienes reservas, hasta que te planteas incluso que si la tienen que ingresar y ponerle un suero, que lo hagan, pero que esto no puede ser, que algo tiene que entrar a su cuerpo. No solo comía pocas cantidades (si se comía 10 minibocaditos de carne me daba con un canto en los dientes) sino que de pronto se negaba a comer cosas que antes le encantaban: guisantes, jamón cocido, jamón serrano, pasta, zanahoria, distintas frutas… Solo quería comer galletas y “carne con salsa”, que consiste en carne o pescado con un poco de aceite para que no se quede seco y poder mojar pan. Por suerte llevamos algo menos de una semana en la que las aguas están volviendo a su cauce y está volviendo a comer con gusto alimentos que antes devoraba y había aborrecido, y ampliando nuevamente el abanico de cosas que le gustan. Ayer hasta se comió media tortilla francesa con jamón cocido, y eso que antes no podía ni ver el huevo. ¡Estoy muy contenta!

En cuanto al acto en sí de llevarse la comida a la boca siempre quiere hacerlo sola, aunque por el nivel de desesperación al que habíamos llegado la verdad es que solemos combinar que coma sola con arrimarle comida a la boca con otro cubierto en paralelo; a veces lo acepta, otras veces no, y tienes que conformarte solo con lo que pueda comer por sí misma. Se maneja bastante bien con los cubiertos e incluso se le da muy bien la sopa, manchándose y cayendo caldo y puntitos de vez en cuando, claro, pero la mayor parte llega a su boca. En cuanto a beber, hace ya muchísimos meses, yo creo que hará un año, que bebe en vaso.

Juego y actividades

Ya os comenté en una entrada previa que no me gusta mucho que vea la televisión. Sigo pensando lo mismo con respecto a las pantallas, pero ahora que la niña es más mayor y empieza a entender tantas cosas, no veo con malos ojos que vea televisión de vez en cuando, siempre que sean contenidos supervisados y, a ser posible, que no los vea sola, sino con alguien con quien poder ir comentando. Recientemente hemos visto Dumbo y Bambi, y son películas muy bonitas y aprende muchas cosas.

Empieza a gustarle muchísimo jugar a juegos de imitación, como cocinitas, hablarle a sus muñecos, jugar con coches… en fin, todo tipo de situaciones cotidianas que ve y que imita. A veces puede jugar sola, pero prefiere jugar con alguno de nosotros. Es preferible, además, no dejarla sola demasiado tiempo, porque su mente traviesa inventa mil diabluras y siempre se le ocurren cosas peligrosas o destructivas. Ayer, por ejemplo, decidió arrancar pegatinas de la pared de su habitación para decorar sus sillas nuevas. Otras veces usa las sillas nuevas para llegar a sitios a los que antes no llegaba, o decide meterse en la boca toda clase de objetos peligrosos. También ayer encontró un destornillador (culpa nuestra) y me la encontré clavándolo en un mueble para “arreglarlo”.

Le gusta tanto jugar a su aire que a veces le ofrezco ver un ratito de televisión para que se tranquilice un poquito mientras yo estudio o acabo de hacer algo en casa (una no es de piedra, también caigo en la tentación de ponerla a la televisión por comodidad :D :D) y me dice “nooooooo, tele nooooooo”, como si la estuviera castigando. En el fondo siento una punzadita de orgullo.

A veces hace puzzles, como uno de unir mamás y bebés, o los típicos de madera de encajar una pieza en su molde, o esa casita de Ikea en la que encajas diversas formas en el tejado. Pero lo cierto es que para estas cosas no tiene mucha paciencia y las piezas acaban volando sin compasión por todas partes, de momento le va más la destrucción que la construcción y se frustra bastante si no le sale. Por ejemplo, no hace torres, pero como tú hagas una torre no durará hecha ni 20 milisegundos.

Cuando estamos en casa pasamos mucho tiempo leyendo cuentos, no solo antes de ir a dormir, sino también como un juego más; a veces también se los leemos a los muñecos, o la veo que los tiene sentados en la alfombra leyéndoles ella. Ahí sí que se relaja y se tranquiliza, tiene muchísima paciencia para escuchar cuentos larguísimos y comprenderlos. Supongo que la diferencia que hay con los puzzles es que no se le exige que lo haga bien, solo que escuche y disfrute, así que no le causan frustración. Aunque normalmente uso la lectura como una compensación por el tiempo que ha pasado viendo televisión, últimamente hay días en los que me doy cuenta de que ha dedicado más tiempo a la lectura que a la pantalla, y me siento genial. Especialmente desde que le ha dado por decir lo de “nooooooo, tele noooooo”, porque de momento no me ha dicho “noooooo, cuento noooooo”, y espero que no me lo diga nunca.

Otra actividad que hacemos habitualmente, aunque no a diario, es la “fiesta de letras”. Tenemos una alfombra de letras de esas de foam que es como un puzzle gigante, y la trasladamos desde donde está guardada hasta el salón, la extendemos jugando y bailando, saltando, diciendo las letras que vemos, buscando, encajando… En fin, es un momento de correr y reírse, de hacerlo divertido los tres juntos y luego de tumbarnos en el suelo sobre la alfombra recién construida a jugar y a revolcarnos. Siempre está dispuesta para una fiesta de letras, le gusta mucho. Supongo que es normal, puesto que significa tener a sus padres a su entera disposición, que al final es siempre el juego favorito de todos los niños.

En fin, como veis me he desahogado… Pensaba comentaros también el tema del lenguaje y del vocabulario, pero como me temo que va a ser largo y esta entrada ya me está quedando de récord, lo dejaré para otra entrada distinta que espero escribir en breve.

¡Un abrazo a todas!

 

 

 

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