La tortura de no comer jamón

Llegada ya a las 21 semanas de embarazo, creo que, puesto que de momento estoy teniendo pocos síntomas, lo que peor llevo es el tema de la toxoplasmosis. La toxoplasmosis es una enfermedad causada por una infección protozoaria (por el protozoo parásito toxoplasmosis gondii) que transmite un ratón (el Ctenodactylus gundi) y que se puede transmitir al hombre a través de la carne y a través de las verduras que no hayan sido convenientemente lavadas antes de consumirse. El bichito es tal que así:

Toxoplasmosis gondii

El parásito toxoplasmosis gondii visto al microscopio.

Este protozoo, una vez que se ingiere, puede pasar a nuestros músculos y ahí se instala. También es frecuente que se encuentre hospedado en gatos, cuyas heces pueden transmitir la enfermedad (los gatos se comen a los ratones y ocurre, curiosamente, que cuando un ratón está infectado con el parásito se acerca más a los gatos en lugar de huir de ellos, lo que hace que sea devorado con más facilidad). Aunque no es una patología peligrosa si la pasa una persona normal (entiéndase normal como “no embarazada”), contagiarse durante la gestación puede ser muy peligroso para el feto. En el primer trimestre puede provocar abortos, y a partir del primer trimestre puede causar importantes lesiones que mermen la calidad de vida del recién nacido. La enfermedad en sí puede pasar incluso desapercibida, ya que los síntomas son muy leves: muy similares a los de una gripe; cansancio, algo de fiebre, dolor muscular y dolor de garganta, o incluso puede ser asintomática.

Así que, para curarse en salud, ahora los médicos recomiendan no consumir nada que pudiera remotamente contener el parásito. Y digo remotamente porque yo llevo 33 años de mi vida comiendo jamón, salchichón y sobrasada y cuando me hicieron los análisis para ver si tenía anticuerpos contra esta enfermedad dio prácticamente un cero patatero. Es decir, en todos estos años consumiendo esos alimentos, jamás he tenido la mala suerte de consumir algo que contuviese el toxoplasmosis gondii. Por tanto, la probabilidad de que justamente lo consuma durante los 9 meses de embarazo imagino que es bastante remota. Sin embargo, no pienso arriesgarme en absoluto. Nunca he sido de las que se dan a los vicios con facilidad, de modo que prefiero fastidiarme sin comer lo que me gusta porque, de tener la mala suerte (la ley de Murphy, ya sabéis) de contraer la enfermedad y que mi bebé tuviese consecuencias en su salud, jamás me lo podría perdonar. De hecho, ni siquiera he recurrido a congelarlo porque, aunque algunas personas aseguran que funciona, yo no he leído ninguna información verdaderamente fiable (científica y no pura cháchara, vamos) que indique que el parásito se elimina durante el proceso de congelación.

Pero eso no significa que no lo eche de menos, ¡¡¡¡aaaaaahhhhhh!!!! ¡Qué sufrimiento! Cuando veo a la gente comer jamoncito delante de mí… Tal que este:

Jamón serrano y toxoplasmosis

Jamoncito rico rico cortado bien fino. Ya estoy salivando.

¡Es que me da algo! Si hasta a veces lo comen cuando yo no estoy presente o se cambian de habitación para que no pase tanta gana… En fin, habrá que aguantarse. Ya me han prometido que, en cuanto mi bebé llegue al mundo, ni joyas, ni flores, ni ninguna otra floritura de ese tipo… ¡Un buen bocadillo de jamón ibérico!

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